Acompañado por Anne Stickel/DEI & Warner Benitez
Borkum es una Isla en el Mar de Norte, al Norte de Alemania, al Norte de la Costa Holandesa. Una Isla, alabada por sus bellezas naturales, categorizada por la “más linda” entre las alemanas y las “del mundo”. Una Isla, a la que la gente viene porque quiere. Aquí está nadie, que no lo haya deseado. Y quien lo haya deseado, logra superar cualquier obstáculo – el clima frío, el ambiente aislado, la desconexión de la “tierra firme” y la oferta laboral buena solamente en los meses turísticos del año – para sí, hacerse una casa y quedarse.
“¿Dónde está mi corazón? Aquí, conmigo, en esta isla. Esta isla, yo y la gente que quiere, éstos somos mi tesoro” nos dice Klaus, un ex – alcohólico, que aquí logró salir de esta adicción. Como Heike, que en esta Isla fue curado de un cáncer y ahora viene acompañada por su esposo, candidato por la misma enfermedad por el estress con el que continuamente lucha. Como Deborah, que se enamoró aquí, y Renate, que después de cuatro años en Turquía dice que necesita otra cosa. Como las muchas chicas, que vienen con sus Escuelas para estar una semana, y Naomi, una negrita, que pinta el Faro, que sus amigas no se atreven a hacer. Y como Joerg y Gaby, el pastor y su esposa, quienes dijeron: aquí queremos hacer ver nuestros tesoros, nuestros sueños, nuestro amor que crece y da fruto en esta isla, y lo queremos ver y hacer ver en público.
Y si bien la Alcaldía y la Oficina de Turismo, que dudan fuertemente de una propuesta visual en su pintoresco pueblo se niegan a apoyarnos, sí Joerg llama sus colegas y las Iglesias se juntan: está la Católica, la Reformada y la Luterana que dicen: ¡¡¡Pintemos, soñemos, invitemos a una gran fiesta de color, de tradición de la Isla, de nuestras posibilidades aquí en el pequeño espacio mundo!!! Y consiguen un lienzo, y los colores; y el periódico local titula después, cuando el Mural ya está listo, cuando las chicas y los chicos y miembros de la Comunidad se posan para sonreír con sus camisas pintadas hacía la cámara fotográfica de la periodista, que sí se pudo hacer el Mural, que ahora sí quieren dar un Muro en el pueblo. Y sonríen las Iglesias, donde ya ha nacido el Mundo Nuevo, donde circula en los Cultos Ecuménicos de las Tardes, y desde el cual cuentan de los Tesoros, de la gente, de su apoyo, de su solidaridad, su alegría. Éstas, que hicieron posible esta fiesta de conchas y perros del mar, de personas caminando y otras bailando, de edificios tradicionales y iglesias alegres, y de los ojos que lo miran, y cuyas vacaciones cierran con una pequeña chispa de color de Vida. De eso se trata en el Mural Comunitario: en una isla de vida, brillar hacía el mar y sus costas, creando lazos del compartir y la comunidad más allá de las fronteras.